5 pasos de una evaluación pre-operatoria y la forma de calcular el riesgo de la cirugía

El riesgo quirúrgico es una forma de evaluación del estado clínico y las condiciones de salud de la persona que va a pasar por una cirugía, de forma que se identifiquen los riesgos de complicaciones a lo largo de todo el período antes, durante y después de la cirugía.

Se calcula a través de la valoración clínica del médico y la solicitud de algunos exámenes, pero, para facilitar, también existen algunos protocolos que guían mejor el razonamiento médico, como el ASA, Lee y ACP, por ejemplo.

Cualquier médico puede realizar esta evaluación, pero, en general, es hecha por el médico general, el cardiólogo o el anestesista. De esta forma, es posible que se toman algunas precauciones particulares para cada persona antes del procedimiento, como la solicitud de exámenes más adecuados o la realización de tratamientos para disminuir el riesgo.

La evaluación médica realizada antes de la cirugía es muy importante para definir mejor qué tipo de cirugía cada persona puede o no puede hacer, y determinar si los riesgos son mayores que los beneficios. La evaluación implica:

1. La realización del examen clínico

El examen clínico se hace con la recolección de datos de la persona como medicamentos en uso, síntomas, enfermedades que tiene, además de la evaluación física, como la auscultación cardiaca y pulmonar.

A partir de la evaluación clínica, es posible obtener la primera forma de valoración del riesgo, creada por la Sociedad Americana de Políticos, conocida como ASA:

  • ALA 1: persona sana, sin enfermedades sistémicas, infecciones o fiebre;
  • ALA 2: persona con enfermedad sistémica leve, como la hipertensión controlada, diabetes controlada, obesidad, edad por encima de los 80 años;
  • ALA 3: persona con enfermedad sistémica grave, pero no incapacitante, como insuficiencia cardiaca compensada, infarto hace más de 6 meses, angina de pecho, arritmia, cirrosis, diabetes o hipertensión descompensadas;
  • ALA 4: persona con enfermedad sistémica incapacitante que está amenazando la vida, como la insuficiencia cardiaca grave, infarto hace menos de 6 meses, la insuficiencia de los pulmones, el hígado y los riñones;
  • ALA 5: persona moribunda, sin esperanza de sobrevivir por más de 24 horas, ya que después de un accidente;
  • ALA 6: persona con muerte cerebral detectada, que se someterá a cirugía para la donación de órganos.

Cuanto mayor sea el número de clasificación ASA, mayor es el riesgo de mortalidad y complicaciones por la cirugía, se debe evaluar con mucha atención qué tipo de cirugía puede valer la pena y que sea beneficiosa para la persona.

2. Evaluación del tipo de cirugía

Entender el tipo de procedimiento quirúrgico que se hace también es muy importante, ya que cuanto más compleja y requiere mucho tiempo de la cirugía, mayores son los riesgos que la persona puede sufrir, y los cuidados que se debe tener.

Así, los tipos de cirugía pueden ser clasificados, de acuerdo con el riesgo de complicaciones cardíacas, como:

Riesgo bajoRiesgo IntermedioRiesgo Alto

Procedimientos endoscópicos, como la endoscopia, colonoscopia;

Cirugías superficiales, como de piel, mama, los ojos.

Cirugía del tórax, el abdomen o la próstata;

Cirugía de cabeza o cuello;

Cirugía ortopédica,como después de la fractura;

Corrección de aneurismas de la aorta abdominal, o la eliminación de trombos de la carótida.

Cirugía grandes de emergencia.

Cirugía de grandes vasos sanguíneos, como la aorta o carótida, por ejemplo.

3. Evaluación del riesgo cardiaco

Existen algunos algoritmos que miden de forma más práctica el riesgo de complicaciones y de muerte en una cirugía no-cardiaca, al investigar la situación clínica de la persona y algunos exámenes.

Algunos ejemplos de algoritmos utilizados son el índice de Riesgo Cardiaco de Goldman, el índice de Riesgo Cardiaco Revisado de Lee y el Algoritmo de la American College of Cardiology (ACP), por ejemplo. Para calcular el riesgo, ellos consideran algunos datos de la persona, como:

  • Edad, que tienen mayor riesgo por encima de los 70 años;
  • Historia de infarto de miocardio;
  • Historia de dolor en el pecho o angina de pecho;
  • La presencia de arritmias o estrechamiento de los vasos;
  • Baja oxigenación de la sangre;
  • La presencia de diabetes;
  • La presencia de insuficiencia del corazón;
  • Presencia de edema de pulmón;
  • Tipo de cirugía.

A partir de los datos obtenidos, es posible determinar el riesgo quirúrgico. Así que, si es bajo, es posible liberar la cirugía, ya que si el riesgo quirúrgico es de medio a alto, el médico puede hacer orientaciones, adecuar el tipo de cirugía o solicitar exámenes que ayudan a evaluar mejor el riesgo quirúrgico de la persona.

4. Realización de los exámenes necesarios

Los exámenes pre-operatorios deben ser realizados con el objetivo de investigar alguna modificación, en caso de que exista la sospecha, que puede llevar a una complicación quirúrgica. Por lo tanto, no deben ser pedidos los mismos exámenes para todas las personas, una vez que no hay evidencias de que esto ayude a reducir las complicaciones. Por ejemplo, en personas sin síntomas, con el riesgo quirúrgico bajo y que pasarán por una cirugía de bajo riesgo, no es necesario realizar exámenes.

Sin embargo, algunos de los exámenes más comúnmente solicitados y recomendados son:

  • Hemograma: personas que pasan por una cirugía de riesgo intermedio o alto, con antecedentes de anemia, con sospecha actual o con enfermedades que puedan causar cambios en las células sanguíneas;
  • Pruebas de coagulación: personas en el uso de anticoagulantes, insuficiencia hepática, historia de enfermedades que causan sangrado, cirugía de riesgo intermedio o alto;
  • La dosis de creatinina: portadores de enfermedades renales, diabetes, presión alta, enfermedades del hígado, insuficiencia del corazón;
  • Radiografía de tórax: las personas con enfermedades como el enfisema, enfermedades cardíacas, edad mayor de 60 años, personas con riesgo cardíaco elevado, con múltiples enfermedades o que pasarán por cirugía del tórax o el abdomen;
  • Electrocardiograma: personas con sospecha de enfermedades cardiovasculares, historia de dolor en el pecho y diabéticos.

En general, estos exámenes tienen una validez de 12 meses, sin necesidad de repetición en este período, sin embargo, en algunos casos, el médico puede considerar necesario repetir antes. Además, algunos médicos también pueden considerar importante solicitar estos exámenes, incluso para personas sin sospechas de cambios.

Otros exámenes, como prueba de esfuerzo, ecocardiograma o holter, por ejemplo, pueden ser solicitados para algunos tipos de cirugía más complejas o para personas con sospecha de enfermedades cardíacas.

5. Realización de ajustes pre-operatorio

Después de la realización de las pruebas y exámenes el médico puede programar la cirugía, si todo está bien, o puede hacer orientaciones para que sea disminuido, al máximo, el riesgo de complicaciones en la cirugía.

De esta manera, se puede recomendar hacer otros exámenes más específicos, ajustar la dosis o introducir algún medicamento, evaluar la necesidad de corrección de la función del corazón, a través de una cirugía cardíaca, por ejemplo, dirigir alguna actividad física, pérdida de peso o dejar de fumar, entre otras.

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